miércoles, 28 de enero de 2009

ESCOJO MI VIDA

Tengo un hermano de dieciséis años, este es su último año de colegio, y desde hace seis años está muy entusiasmado con estudiar la carrera de medicina. Seis años. Sueña, planea y vive como médico. La medicina ya es parte de él. En síntesis ya se siente un médico.
El otro día hablábamos del tema y estuve pensando sobre la decisión de vida que tomamos todos los bachilleres, y me animé a escribir estas líneas.
El último año de colegio es hasta entonces, el único objetivo, vives teniendo como meta el bachillerato, muchas veces hablas de la carrera que vas a estudiar, pero te parece tan lejano que no empleas mucho tiempo en discernirlo. Cumplimos lo que el post-modernismo nos ha enseñado, el pasado se fue y el futuro no lo tenemos, así que vive el presente desenfrenadamente. Si es que eso es realmente vivir. Y llegan los últimos días de clases y nos damos cuenta que el año que viene ya no podremos volver al colegio, a menos que decidamos repetir el año aceptando un tremendo varapalo en casa y no participar de los festejos preparados para la promoción. Bueno, de todos modos hay tiempo, y se puede decidir después de los festejos. Entonces aplicamos la ley de la trivialidad de Murphy, dedicamos mucho más tiempo y energía en los preparativos de la fiesta, el traje que vamos usar, los invitados, la música, etc. y nos damos un tiempo irrisorio para decidir que hacer con nuestras vidas.
En la etapa de decisión los criterios son muy semejantes entre los jóvenes, por no decir iguales: ¿Qué carrera está de moda? ¿Qué carrera van a estudiar mis amigos? (¡Que horror separarme de mis amigos! No me imagino la vida sin ellos) ¿Qué carrera me da mayores beneficios económicos? ¿En qué carrera puedo aplicar mejor mis habilidades? Fugazmente el joven se imagina a sí mismo con un título…doctor, licenciado, ingeniero… y la carrera se convierte en un medio para conseguir estatus. Antiguamente el título de “Don” era muy apreciado por la gente y no era asequible a toda persona, de la misma manera ahora el título de “doctor”, “licenciado”, “ingeniero” es sobrevalorado.
Por cierto, mi intención no es difamar las nobles profesiones, sino por el contrario que la consigna de éstas profesiones sea ser verdaderos medios de servicio y loable filantropía.
No es verdad que el joven no pueda tener deseos de discernir y ser artífice de una decisión que le llene su vida de gozo, felicidad, gusto, le dé sentido a su vida y pueda pasar por la vida plenamente, y no dejar que la vida pase por él, haciéndole miserable.
Es también labor de los educadores, la familia, la sociedad quienes deben guiar a los jóvenes, mostrarles el mundo, ayudarles a mirar el horizonte por el cual caminar y proyectar su vida. Sino, se hace ilusorio pensar en jóvenes que quieran vivir, construir y gobernar sus vidas.
Desde el punto de vista cristiano existe dos estados de vida a elegir y vivir: la vida religiosa y la vida laical. Ambos estados de vida tienen un solo objetivo, una sola meta, un solo fin que es la construcción del Reino de Dios. Las profesiones no son más que medios para el fin último que es el Reino de Dios. El cristiano por tanto no se siente perdido en ésta vida y buscando la justificación por la cual vino a este mundo. El cristiano vive por el Reino. Por la civilización del amor. El Reino es la tarea que Dios directamente le ha encomendado. Asume la misión de Cristo. Se escribe fácil, pero el vivir por el Reino no es nada fácil. Se requiere de mucha valentía para trabajar por el Reino de Dios.
Los jóvenes bachilleres debemos dejar a un lado el “que dirán”, ser auténticos, honestos, tomar la vida en nuestras manos y hacer elecciones bien pensadas, aunque nos equivoquemos, corregirlas y seguir caminando. Muchas veces nuestras elecciones nos harán ir contra corriente y ser personas distintas y a la vez iguales, necesitando de los otros tanto como ellos necesitan de nosotros.
Amigos, futuros bachilleres, la siguiente semana comenzarás tu último año de colegio. Vive intensamente, haz de tu vida una verdadera obra de arte y ya sabes que la decisión es tuya. Tu eliges dejar que pase el año, y decidir tu vida en unas horas o dedicarle tiempo y cariño a ese proyecto de vida que quieres emprender valientemente, para construir un mundo mejor, más acogedor y sobre todas las cosas que este proyecto de vida te haga feliz.