viernes, 13 de febrero de 2009

SAN VALENTÍN

Desde hace tiempo el día catorce de febrero se ha convertido en un día festivo para la amistad y el amor, sobre todo un día especial para los enamorados. Pero nos parece que San Valentín fuera una especie de cupido que ha emergido de la imaginación y la tradición ancestral, y no nos hemos tomado la molestia de indagar en la veracidad y la magnanimidad de lo que realmente aconteció en el siglo I. Gracias a mi amigo Pablo a continuación les copio una reseña sobre el famoso y a la vez desconocido San Valentín.
Hay que remontarse al año 270. Con tu corazón de enamorado, te es fácil entusiasmarte con la vida de tu patrono. Si para las diversas realidades de la vida existe un patrono, no podía faltar uno para lo más bello de la creación: el amor humano entre hombre y mujer.
Claudio II "el Gótico", el entonces emperador, y sus policías vigilaban las andanzas de Valentín. Tan bruto era este mal emperador que llegó hasta prohibir lo más natural que existe en el mundo: el amor entre los humanos. No quería bodas sino soldados para defender los espacios amplios de su imperio. Nada de casados. Quería solteros y sólo solteros.
Ante estas circunstancias inhumanas, Valentín, obispo de Interamna Nahartium (hoy Terni en Umbria el estado en donde está la ciudad de Asís, Italia), no tuvo miedo en confesarse creyente, y es más, se entregó por entero a las parejas. Las visitaba en secreto para casarlos, lejos de la mirada de los crueles súbditos del emperador.
La voz de Valentín corría como el viento por las orillas del Tibet y de las colinas romanas. Los jóvenes, valientes y decididos a formar una familia, acudían a él para recibir el sacramento. Les hablaba, les escribía cartas de amor y con su simpatía y su bella juventud, atraía a todos los enamorados.
Valentín fue encarcelado bajo Aureliano, que sucedió a Claudio II "el Gótico".
Mientras estuvo en la cárcel esperando su muerte, el carcelero se dio cuenta de sus buenas cualidades. Le presentó a su hija Julia, ciega de nacimiento. Valentín le enseñó las primeras letras, los rudimentos del saber y, por supuesto, le habló de Dios. Veía el mundo bello que le presentaba el apuesto joven. Le dijo a la niña que orase a Dios para que le diese la vista. En un momento determinado, le cogió la mano a Valentín y le dijo: ¡"Yo creo, yo creo!". La luz de la prisión le entró por sus inocentes y maravillosos ojos. El, viéndola feliz, le dijo que mantuviera su fe por encima de todo. A continuación, un catorce de febrero, murió decapitado por mano del soldado romano Furius Placidus, a los ordenes del emperador Aureliano y enterrado en la que es la iglesia de santa Práxedes, cerca del Coliseo, aunque hoy está en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni, en donde, todos los años el catorce de febrero, se llena de parejas, todas aquellas que se casarán el año siguiente.
Por esta razón es patrono de los enamorados, un patronazgo popular en todo el mundo cristiano. Desde entonces, los romeros que entran en Roma, se dirigen a la Basílica de San Valentín para orar ante su tumba y que les conceda una buena "Valentina" o Valentín". Este día pasó con la expansión del cristianismo a otros lugares cuyas fiestas de primavera –paganas- pasaron a tener el sello cristiano.
La joven Julia, agradecida y enamorada del santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. Hoy, ya se sabe, el árbol de almendras es símbolo de amor y amistad duraderos.
Hoy, en los albores de las primeras flores de la estación primaveral, todos los enamorados se mandan misivas, se hacen multitud de regalos comprados, muchas veces en los templos del consumo, y no en el supermercado del corazón.
Aunque sean los enamorados los que principalmente celebran este día, sin embargo hoy en día se festeja también a todos aquellos que comparten la amistad, ya sea maestros, parientes, compañeros de trabajo y todo el que siente, tenga la edad que tenga, el olor del amor que, como flor de primavera, nunca debe perder su agradable perfume. ¡Feliz día de los enamorados y de la amistad!

jueves, 5 de febrero de 2009

NO TE ALEJES TANTO QUE ME SIENTO SOLO, PERO NO TE ACERQUES TANTO QUE ME AHOGAS

Una de las actividades que más me agrada y lo realizo diariamente, es el viaje matinal en autobús. Muchas veces me he sentado en el asiento del fondo, y mientras el bus “corría” por su ruta, mis ojos le hacían la competencia a su velocidad, y se internaban en las letras de algún libro que llevaba conmigo. En otras ocasiones miraba lo más lejos que se puede vislumbrar desde la ventana, dejando mi cuerpo y mi mente “estar”…solamente “estar”, como un río que corre y sólo “está”, una montaña imponente que sólo “está”, una nube viajera en el cielo que sólo “está”, un árbol con sus hojas de otoño que sólo “está”… Pero desde hace un tiempo me da mucha alegría interna el poder observar a las personas que van en el autobús. Personas que al mirar su rostro elocuente, puedes percibir sentimientos de alegría, preocupación, cansancio, sueño, desesperanza…
Me he puesto a pensar si a estas personas alguien les mira a los ojos y se interesa en preguntarles: ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes hoy? Y no por mero formalismo de saludo: ¿Cómo estás? y la respuesta predecible siempre es “Bien”, aunque esté enfermo, mal humorado, deprimido, desolado, etc., la respuesta siempre es “Bien”. Porque el que pregunta, pocas veces está realmente interesado en saber como está la otra persona.
Cada vez son menos las relaciones que tenemos con las personas. Cada vez son menos las conversaciones en las que nos comunicamos. Cada vez son menos las relaciones duraderas. Cada vez son menos las discusiones en las que se puedan traslucir los sentimientos sin mezquindades y egocentrismos.
Actualmente una de las preguntas de farándula es: ¿A qué le tienes miedo? Y son muchos los personajes que responden “a la soledad”. Es cierto, muchos le tienen fobia a la soledad. Pero si miramos hacía atrás, hasta el momento en que hemos nacido, nos daremos cuenta que hemos llegado solos y nos iremos solos. Una de las explicaciones, que me gustó, sobre el amor de pareja, decía que son dos soledades que se acompañan y complementan en la medida de sus posibilidades. Para el cristiano el momento de mayor trascendencia es el tiempo de la oración, que sin dudarlo, es el encuentro de dos soledades.
Pero además de la fobia a la soledad, puedo aseverar que existe fobia a las relaciones con las personas. Porque no queremos estar solos, pero tampoco queremos que se intrometan en “nuestro espacio” hermético. Y claramente les estamos diciendo a los demás: “No te alejes tanto que me siento solo, pero no te acerques tanto que me ahogas”.
Ocurre que cuando intimamos en una relación corremos el riesgo de salir heridos, denotar actitudes que no conocíamos de nosotros, reflejar nuestro verdadero “yo”, ya que una relación no puede ser construida en base a circunstancias y conversaciones superfluas. Las relaciones y las personas crecen y maduran implicándose con las personas y lo bonito es que implicarse, conlleva complicarse.
Las familias se están desintegrando, los divorcios se multiplican, las relaciones se hacen banales, los suicidios proliferan…
Es inminente que las relaciones entre las personas tienen que adquirir importancia en nuestras vidas. La tarea de relacionarse con las personas no es sencilla. Constituye un gran desafío a nuestra madurez, pero también es nuestra mayor esperanza.
¡Vamos! No esperemos para comunicar nuestros sentimientos. La vida es más sencilla de lo que pensamos. Demos a los demás todo nuestro ser, que nos conozcan, para que también podamos conocerlos. Porque nos necesitamos los unos a los otros. Conocerlos internamente y así amarlos más.

miércoles, 28 de enero de 2009

ESCOJO MI VIDA

Tengo un hermano de dieciséis años, este es su último año de colegio, y desde hace seis años está muy entusiasmado con estudiar la carrera de medicina. Seis años. Sueña, planea y vive como médico. La medicina ya es parte de él. En síntesis ya se siente un médico.
El otro día hablábamos del tema y estuve pensando sobre la decisión de vida que tomamos todos los bachilleres, y me animé a escribir estas líneas.
El último año de colegio es hasta entonces, el único objetivo, vives teniendo como meta el bachillerato, muchas veces hablas de la carrera que vas a estudiar, pero te parece tan lejano que no empleas mucho tiempo en discernirlo. Cumplimos lo que el post-modernismo nos ha enseñado, el pasado se fue y el futuro no lo tenemos, así que vive el presente desenfrenadamente. Si es que eso es realmente vivir. Y llegan los últimos días de clases y nos damos cuenta que el año que viene ya no podremos volver al colegio, a menos que decidamos repetir el año aceptando un tremendo varapalo en casa y no participar de los festejos preparados para la promoción. Bueno, de todos modos hay tiempo, y se puede decidir después de los festejos. Entonces aplicamos la ley de la trivialidad de Murphy, dedicamos mucho más tiempo y energía en los preparativos de la fiesta, el traje que vamos usar, los invitados, la música, etc. y nos damos un tiempo irrisorio para decidir que hacer con nuestras vidas.
En la etapa de decisión los criterios son muy semejantes entre los jóvenes, por no decir iguales: ¿Qué carrera está de moda? ¿Qué carrera van a estudiar mis amigos? (¡Que horror separarme de mis amigos! No me imagino la vida sin ellos) ¿Qué carrera me da mayores beneficios económicos? ¿En qué carrera puedo aplicar mejor mis habilidades? Fugazmente el joven se imagina a sí mismo con un título…doctor, licenciado, ingeniero… y la carrera se convierte en un medio para conseguir estatus. Antiguamente el título de “Don” era muy apreciado por la gente y no era asequible a toda persona, de la misma manera ahora el título de “doctor”, “licenciado”, “ingeniero” es sobrevalorado.
Por cierto, mi intención no es difamar las nobles profesiones, sino por el contrario que la consigna de éstas profesiones sea ser verdaderos medios de servicio y loable filantropía.
No es verdad que el joven no pueda tener deseos de discernir y ser artífice de una decisión que le llene su vida de gozo, felicidad, gusto, le dé sentido a su vida y pueda pasar por la vida plenamente, y no dejar que la vida pase por él, haciéndole miserable.
Es también labor de los educadores, la familia, la sociedad quienes deben guiar a los jóvenes, mostrarles el mundo, ayudarles a mirar el horizonte por el cual caminar y proyectar su vida. Sino, se hace ilusorio pensar en jóvenes que quieran vivir, construir y gobernar sus vidas.
Desde el punto de vista cristiano existe dos estados de vida a elegir y vivir: la vida religiosa y la vida laical. Ambos estados de vida tienen un solo objetivo, una sola meta, un solo fin que es la construcción del Reino de Dios. Las profesiones no son más que medios para el fin último que es el Reino de Dios. El cristiano por tanto no se siente perdido en ésta vida y buscando la justificación por la cual vino a este mundo. El cristiano vive por el Reino. Por la civilización del amor. El Reino es la tarea que Dios directamente le ha encomendado. Asume la misión de Cristo. Se escribe fácil, pero el vivir por el Reino no es nada fácil. Se requiere de mucha valentía para trabajar por el Reino de Dios.
Los jóvenes bachilleres debemos dejar a un lado el “que dirán”, ser auténticos, honestos, tomar la vida en nuestras manos y hacer elecciones bien pensadas, aunque nos equivoquemos, corregirlas y seguir caminando. Muchas veces nuestras elecciones nos harán ir contra corriente y ser personas distintas y a la vez iguales, necesitando de los otros tanto como ellos necesitan de nosotros.
Amigos, futuros bachilleres, la siguiente semana comenzarás tu último año de colegio. Vive intensamente, haz de tu vida una verdadera obra de arte y ya sabes que la decisión es tuya. Tu eliges dejar que pase el año, y decidir tu vida en unas horas o dedicarle tiempo y cariño a ese proyecto de vida que quieres emprender valientemente, para construir un mundo mejor, más acogedor y sobre todas las cosas que este proyecto de vida te haga feliz.